Notas de Brahe (I)

Notas de Brahe (I)
Notas de Brahe (I)NameNotas de Brahe (I)
Type (Ingame)Objeto de misión
FamilyNon-Codex Series, Chevalmarin Amusement Park Commemorative Map
RarityRaritystr

Item Story

...

La decoración de la cámara del tesoro está casi lista. Sin la ayuda de estos pequeños amigos hurones, no sé cómo habría podido transportar tantos Taeles hasta aquí sin que nadie lo notara.

Así que, para conmemorar su servicio (y su arduo trabajo), ¡de ahora en adelante llamaré a estas pequeñas criaturas “hurones ladrones” y les otorgaré el título de “miembros oficiales de los Ladrones de Tesoros”!

...Es broma. Si la Srta. Alia se enterara desde el más allá de que le puse un nombre tan absurdo a estos hurones salvajes, seguro que saldría de un salto del Pilar de Embla para darme una buena paliza. Definitivamente no puedo llamarlos así... a menos que en el futuro no se me ocurriera otro nombre al escribir poesía, o que no tuviera ninguna otra opción para mantener el ritmo y la métrica.

Debo admitir que mi padre tenía buen ojo para esconder su dinero secreto: este lugar no solo era difícil de encontrar por casualidad, sino que, sin una guía, ni siquiera un hurón salvaje podría haberse metido aquí. Lamentablemente, su perspicacia siempre tuvo sus límites; incluso cuando Rotwang lo manipuló de tal manera, nunca sospechó lo más mínimo de él.

Al final, si robaron el dinero que mi padre escondía aquí fue porque esos dos viejos, Avrelian y Silvestre, vinieron a sonsacarme información... ¡Por la Zarina! ¡Solo tenía cinco años! Esos dos se turnaron para hacer el papel del bueno y el malo, usando todo tipo de artimañas para engañar a alguien de tan corta edad. ¿Qué clase de persona normal haría algo así? No, mejor dicho, ¿qué hada, genio, Seelie, Espectro, Oceánida, Ánima Legamosa o cualquier otro ser espiritual normal pensaría en algo así? Pero era de esperar viniendo de la heredera sagrada de los Descendientes Lunaescarcha, ¡qué inmoral! Por su culpa, mi padre me regañó durante tres días y hasta canceló las vacaciones en Petricor que me había prometido. Aunque, bueno, ese lugar acabó hundiéndose después.

Lo que más me enfurece es que cuando le mencioné esto a Silvestre , me dijo que ya ni siquiera recordaba cómo me había engañado en aquel entonces, solo que Avrelian había dicho algo sobre hacer más felices a los niños. Entiendo perfectamente sus intenciones y acciones, devolver a esos pobres niños la riqueza que mi padre había acumulado era lo más correcto... pero ¿era realmente necesario usarme a mí para conseguirlo, caballeros?

Además (y esto probablemente ni siquiera Silvestre lo sabe), todo ese dinero que birlaron haciéndose pasar por bandidos justicieros, presumiendo de robar a los ricos para dar a los pobres, lo recuperó mi padre con creces en menos de tres días, sacándolo de otros lugares. Esos supuestos nobles beneficiarios siempre ganan dinero sin necesidad de trabajar, y esos aduladores venales y serviles que los rodean usan tal cosa como prueba de la diligencia y sabiduría innata de sus amos... Después de todo, ¿cómo si no podrían ser tan ricos?

El juego de robar a los ricos para dar a los pobres solo hace que las cadenas de los pobres se vuelvan más pesadas. Como me dijo una vez la siniestra hermana de la Srta. Alia, no importa cuán pura sea el agua, si cae en tierra malvada, solo brotarán semillas de maldad. Avrelian ha debido de darse cuenta de esto después, pero su paraíso (sin importar cuánto creyera que estaba en la tierra) seguía estando demasiado lejos de la gente verdaderamente pobre. Al fin y al cabo, ¿cómo se puede convencer a alguien que nunca ha experimentado bondad alguna, que ha sido insultado y lastimado, de que debe amar al prójimo e incluso a sus enemigos?

Ni Avrelian ni la Srta. Alia respondieron jamás esta pregunta. Ambos eran personas bondadosas que siempre veían lo mejor en los demás, creyendo que la virtud y los ideales bastaban para superar la maldad forjada por las circunstancias. Lamentablemente, yo no soy más que un noble egoísta, no tengo su bondad (seguramente Avrelian pensaba lo mismo, después de todo, para él, probablemente solo ha habido un noble que pueda considerarse bondadoso), y lo que he presenciado no me permite tener la confianza de idealizar la naturaleza humana.

Solo han pasado poco más de diez años desde el sacrificio de la Srta. Alia, y aquellos bandidos que huyeron como ratas ya están abusando descaradamente de las palabras de Avrelian para justificar sus atrocidades contra gente inocente. Para ellos, tanto los comerciantes ambulantes que luchan por sobrevivir como los trabajadores forzados que apenas tienen para comer son “perros falderos de los nobles” y “traidores que dan la espalda a sus hermanos y vecinos”, y por lo tanto merecen ser víctimas de sus “honrados robos”.

Sus predecesores vencieron la maldad con nobles ideales, y ahora los bandidos que se proclaman sus sucesores quieren enarbolar la misma bandera, declarando que quienes se oponen a ellos son enemigos de esos nobles ideales, pero representan la misma maldad que fue derrotada en el pasado.

Puedo enviar a los bandidos que hayan cometido atrocidades en nombre de Reed Miller y que oprimen a los trabajadores al Ojo de Kratti para que acompañen a los peces en el fondo del mar para toda la eternidad... De hecho, no sería la primera vez. Pero ¿qué pasará cuando yo muera? ¿Quién podrá garantizar que esos nobles ideales del pasado no se distorsionen hasta convertirse en crímenes que ni yo podría imaginar?

Ni al-Ahmar pudo garantizarlo, ni Erinias pudo garantizarlo, ni Ixbalanqué pudo garantizarlo, ni los nobles de la familia real de Mondstadt pudieron garantizarlo, ni los sumos sacerdotes de los Descendientes Lunaescarcha pudieron garantizarlo, y mucho menos podría garantizarlo el supuesto “gran ladrón Reed Miller”. La maldad de los humanos es como la miel para las abejas.

No soy Avrelian, ni Silvestre, ni mucho menos la Srta. Alia que tanto me cautivó. No puedo ser como ellos y depositar todas mis esperanzas en la naturaleza humana. No quiero que el nombre del gran ladrón Reed Miller se desvanezca en la historia y sea olvidado por todos, pero menos aún deseo que tal nombre (y los ideales que una vez representó) sea distorsionado por los villanos del futuro y despreciado por la gente.

Por lo tanto, solo se me ocurre una solución: dejar que la historia entierre esos supuestos ideales. Usar innumerables historias contradictorias, ridículas pero cautivadoras, para diluir todo el significado de tales ideales y dejar solo una grandiosa leyenda atrás. Hacer que todos aquellos que cometen maldades en nuestro nombre no sean vistos como idealistas serios, sino como lectores ingenuos perdidos en fantasías románticas.

La codicia siempre perdura más que los ideales, al menos eso es lo que creo. Mientras sigan circulando las historias del Gran Tesoro, siempre habrá individuos sedientos de riqueza repitiendo el nombre del gran ladrón Reed Miller.

Un nombre inofensivo que haga reír a los pobres y les dé un poco de valor para enfrentar el mañana es mejor que una bandera que los malvados busquen reclamar.

Si los rebeldes del futuro realmente necesitan un nuevo estandarte, encontrarán a un héroe de su propia era, y ese héroe, bajo ninguna circunstancia, debería ser el “gran ladrón Reed Miller”.

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