
![]() | Name | Detective Hurlock: El alquimista y el sabio mecánico |
| Type (Ingame) | Objeto de misión | |
| Family | Non-Codex Series, Non-Codex Lore Item | |
| Rarity |
Item Story
| Capítulo VI “Entonces, la historia acaba así”. Hurlock se sentó y encendió su pipa. El resto, ya fuera la agente Gina, la Srta. Jacoba o la señorita comisionaria Ei Chiie, se miraron con confusión. “Seguro que aún recuerdan que las ubicaciones de los cuatro casos eran equidistantes. Había un patrón simétrico entre el tiempo, el lugar e incluso las primeras letras de los nombres de las cuatro víctimas”, dijo Hurlock. “Por eso mismo la deducción de Gina estaba tan equivocada. El asesino sabía que ella poseía conocimientos básicos de magia y que asumiría que los seguidores de la Comunidad Cruz de los Lirios tratarían al paciente como un sacrificio ritual necesario. Por tanto, el culpable dejó que creyera que su suposición era correcta”. “Pero cuando el Duque San Germán se marchó, dijo claramente que no había redención posible, y el siguiente caso también...”, protestó la agente Gina, aún reticente. “Solo es un genio en lo que se refiere a la mecánica. En lo que a lo demás respecta, es solo un hombre normal y corriente”. Hurlock se detuvo y luego continuó: “Siempre ha sido el tipo de persona a la que le gustan las cosas que puede entender por completo. Igual que tú, Gina”. “¡Ah, ya lo entiendo!”, gritó la Srta. Jacoba de pronto. “¡Ahora todo tiene sentido, mi querido Hurlock! La muerte de la cuarta víctima no resultó de un plan cuidadosamente ideado. ¡Fue una coincidencia! Él tan solo quería matar a esos tres desafortunados caballeros para vengar a sus camaradas de la Comunidad Cruz de los Lirios. Pero las trampas que colocó no solo se encontraban en esas tres ubicaciones. Le preocupaba que el plan pudiera fracasar, ya que las tres víctimas eran personas bien protegidas. Por eso, dispuso algunas trampas adicionales. Y aun así, nunca esperó que, gracias a la intervención de Gina, su plan resultara más fácil de lo previsto...”. “... ¡Srta. Jacoba! ¡No diga esas cosas como si yo fuera una cómplice!”. El rostro de la agente Gina se tornó tan rojo como una solsettia mientras protestaba indignada. Qué adorable. “Claro”, dijo Hurlock con calma. No estaba claro si lo que quería decir era que las deducciones de la Srta. Jacoba eran correctas o que la agente Gina era, de hecho, una cómplice. “La mayoría de los dispositivos experimentales propuestos por la Comunidad Cruz de los Lirios se construyen basándose en estructuras lógicas de “...”. Permanecí en silencio como era costumbre, pero la Srta. Jacoba me miró con lo que pareció un ápice de confusión. “¿Qué pasa? ¿Por qué no hablas? ¿Estás pensando en algo?”. “... No, es solo que no esperaba que la verdad fuera tan sencilla”. Por supuesto, mi entendimiento de los Mecabots no podía compararse al del Duque San Germán, pero había realizado mi propia investigación. La sugerencia de que esos mecanismos se hubieran activado simplemente por un mal uso del Sr. Marcello me parecía poco convincente. Pero insinuar que hubiera otro cerebro detrás de todo parecía adentrarse en el terreno de las teorías de la conspiración. Después de todo, solo nosotros podríamos haber llevado a cabo la operación que había ideado. Así que había decidido dejar atrás todo tipo de especulaciones y elegido disfrutar de las reacciones de la adorable agente Gina. “Jeje, ¡por eso no entiende cómo funciona el arte de la deducción!”. La agente Gina parecía haber recobrado su confianza, además de cierto sentido de superioridad (sobre mí). Emocionada, alzó un dedo y dijo: “¿Acaso no hay un proverbio que dice que una vez que has eliminado lo imposible, el resto...”. “Detente. Esa es la historia de Fantô-lo-que-sea Rob-lo-que-sea. No tenemos los derechos de publicación de la editorial”. Hurlock volvió a darle una calada a su pipa. Parecía perdido una vez más en sus pensamientos. Sea como fuere, el caso había alcanzado una conclusión de forma abrupta. Una persona que no había logrado ser testigo del final, otra que no había conseguido alcanzar sus ideales. Alguien que se sumergía en cuentos de hadas y soñaba con seguir al héroe que admiraba y que, sin embargo, nunca vio cumplido su sueño. Alguien que lo tenía todo, alguien que lo había perdido todo, alguien que había despertado y alguien que nunca más volvería a despertar. Generoso en su sacrificio, sin miedo en la despedida, sin vacilación ante el dolor. Sin embargo, al final, los sacrificios no eran más que sacrificios y las despedidas no eran más despedidas. Los relojes siguen el tranquilo fluir de los años y los peces nadan en manantiales cristalinos. Grandioso como pueda ser un sueño, acabará desvaneciéndose así: solitario y en silencio. Y después... |






And here i hoped Wolfs gravestone would still be a great fit. Both in vanity and practice.