
![]() | Name | Manuscrito de la diosa (II) |
Type (Ingame) | Objeto de misión | |
Family | loc_fam_book_family_6969393, Non-Codex Series | |
Rarity | ![]() | |
Description | Un manuscrito escrito por la autora de un cuento de hadas. Por alguna razón, el papel tiene un agujero que parece... |
Item Story
... El sabio Antonio, que se hallaba en el\nsótano de una casa a punto de\nderrumbarse, había comenzado a leer un libro antiguo que encontró. Su lámpara\nde aceite temblaba ligeramente cada cierto tiempo debido al derrumbe de los pisos superiores del edificio. La aldea iba a ser destruida\nsimbólicamente por el dragón, y este\nhabía elegido a Antonio por no haber vuelto a casa a aquella noche. No\nobstante, a Antonio no parecía importarle. Solo deseaba poder\ninvestigar aquel libro que una anciana le había dado cuando cruzaba\nel puente aquel día. El libro se llamaba «Car█a █agnífica». En él, se documentaba█ l██ reglas que\ndebían respetar todos lo███eres de Simulanka. Había sido escrito en la\nlengua de la creación primordial. Pero de no haber sido por la sabiduría\nindiscutible que Antonio poseía, habría sido imposible investigar y descifrar\naquel texto antiguo. En este libro no se proponían soluciones\npara resolver la dificultad a la que se estaba enfrentando la Aldea de las\nConstelaciones, y tampoco pudo serle de\nayuda para reparar su casa derruida. Sin embargo, él sabía que su sabiduría era lo más valioso que poseía. Los rayos de sol de la mañana brillaban\na través de las ruinas de lo que había\nsido su casa, y el herrero y el jefe rechoncho de la aldea, que vivían en los\nalrededores, tuvieron que invertir\ngrandes esfuerzos para poder deshacerse\nde los escombros que bloqueaban la puerta del sótano de la casa. Con ojeras marcando sus ojos, Antonio se\ndirigió al jefe rechoncho y le dijo: “Me voy a cazar al dragón. Regresaré\nenseguida”. “¿A qué viene tanta prisa? No parece que\nhayas dormido bien”. “Es solo el humo de la lámpara de\naceite, no te preocupes”. ... El dragón, que estaba sentado sobre la\ncima de una gran montaña de tesoros,\ndirigió su vista hacia abajo contemplando cómo aquel insignificante\nhombre se aproximaba hacia él. En su\ngarganta acumulaba llamas de fuego, preparándose para carbonizar el área que\nse situaba a un centímetro de él solo para asustar a aquel pequeño humano que\nhabía osado visitarle. “¡Detente! Soy un maestro certificado de\nsegundo rango. Según dice en la «Carta Magnífica», si yo me niego a combatir en\nun duelo contra ti, tú no puedes recurrir a la fuerza”. Era cierto que aquella restricción\nexistía, por lo que el dragón se tragó sus llamas. Pensó en lo incómodo que\nsería ir al baño al día siguiente. Antonio jamás se habría imaginado que\nprepararse para aquel examen para el certificado de maestro de segundo rango\nle resultaría útil algún día. “Y ya que soy un maestro de segundo\nrango, te invito a participar en un duelo de preguntas y respuestas. ¡Y no\ntienes derecho a negarte!” Era cierto que, en aquel momento,\nSimulanka contaba con esa ley. Principalmente, beneficiaba a las\nesfinges, a los sabios ancianos y a las princesas que adoraban hacer más\ndifíciles las vidas de los demás. El\ndragón nunca se había planteado antes que llegaría el día en el que esa ley le\nafectaría. “Mi primera pregunta es: Si vendí mi\ncasa por 8000 Moras ayer, pero yo, pensando que podría conseguir un mejor\nprecio, la volví a comprar por 9000 Moras con la idea de venderla por\n10 000, ¿cuántos Moras he perdido al final?”. El dragón se rio con desdén y exclamó:\n“¿Qué tiene esto de difícil? Está claro que deberías haber esperado a que\ntuviera un valor de 10 000 antes de\nvenderla en primer lugar. Pero la vendiste por 8000, y luego la compraste\nde nuevo por 9000, así que perdiste 1000 Moras que podrías haber ganado desde un\nprincipio”. “Respuesta incorrecta. Ayer quemaste mi\ncasa, así que no pude venderla a tiempo y mi pérdida ha sido mucho mayor”. “P-perdón. Es cierto que quemé una casa, pero tú no estabas dentro, así que elegí la tuya, para no hacer daño a nadie”. “Ahora que has perdido el duelo, tengo\nel derecho de cobrar el valor equivalente a tu vida menos un Mora. Y teniendo en cuenta que quemaste mi casa,\npuedo reclamar una compensación por daños y perjuicios. Asumamos que mi casa\nsolo vale 1 Mora. Bien. En ese caso, dragón malvado, tendrás que destruirte\na ti mismo”. “P-por favor, perdóname. ¡Te daré cualquier cosa que desees!” “Has sido tú quien ha pronunciado esas\npalabras, no yo”, dijo mientras sacaba un contrato que había escrito tiempo\natrás. ... Así fue como Antonio se sirvió de su\nsabiduría para llevarse todos los tesoros del dragón. El dragón,\ndevastado, no volvió a atacar la Aldea de las Constelaciones donde vivía\nAntonio. Años después, un niño preguntó a\nAntonio: “Vendiste tu casa por 8000 Moras y la\nvolviste a comprar por 9000. Así que realmente perdiste 1000 Moras”. A. A. |
"i'll put some dirt in your eye"