La leyenda del gran ladrón Reed Miller (I)

La leyenda del gran ladrón Reed Miller (I)
La leyenda del gran ladrón Reed Miller (I)NameLa leyenda del gran ladrón Reed Miller (I)
Type (Ingame)Objeto de misión
FamilyBook, La leyenda del gran ladrón Reed Miller
RarityRaritystrRaritystrRaritystr
DescriptionUn libro de entretenimiento muy popular en Nod Krai. Estas novelas baratas sobre Reed Miller no pertenecen a una misma saga, sino que cada una fue escrita por un autor distinto. La veracidad de su contenido es tan cuestionable como la calidad de su papel y su impresión.

Table of Content
Item Story
Obtained From
Gallery

Item Story

Colección de historias de misterio de diez Moras: El gran ladrón Reed Miller y el Molino Sampo (edición encuadernada trimestral)

(Una novela de entretenimiento barata y muy popular en la Villa Nasha. Cuesta solo diez Moras si se compra por separado. Supuestamente, narra cómo el gran ladrón Reed Miller robó en el palacio del gobernador el Molino Sampo, una reliquia sagrada de la Luna Escarchada. Sin embargo, para atraer un mayor número de lectores, la mayor parte de su contenido trata sobre las muchas jóvenes mujeres que se peleaban por el amor de Reed Miller.)

...

Capítulo 4
¡Entra en escena Aguzanieves, una belleza más peligrosa que un halcón! Se acerca a Reed Miller bajo la luz de la luna, pero ¿para qué?

“Vaya, vaya... Dejando a todas tus encantadoras acompañantes para venir solo a disfrutar del paisaje nocturno... Qué hombre tan cruel eres, querido”.

Su voz, suave como la mejor seda de Liyue, escondía una crueldad sutil, un filo oculto como las espinas de las rosas de Sumeru. Reed Miller no necesitó girarse, pues conocía demasiado bien esa voz.

Un instante después, una figura de movimientos felinos aterrizó con elegancia junto a él. Era una joven de poco más de veinte años, con un cabello violeta que caía en cascada sobre sus hombros y cuello blancos, descubiertos sin pudor. El vestido plateado que llevaba parecía haber sido tejido con luz de luna, marcando sus curvas, pero sin distraer de la malicia burlona que destilaban sus ojos castaños rojizos.

Era Aguzanieves, también llamada “A” para el pequeño y selecto círculo de personas que podían acercarse a ella, como Reed Miller. En toda Nod Krai no había otra como ella: una mujer fatal cuya fama y destreza para robar rivalizaban con las del propio Reed Miller. No existía tesoro, por raro o valioso que fuera, que no pudiera robar con facilidad. Cuando se aburría, lo que había robado se lo regalaba a los pobres de la calle o lo tiraba al mar como si fuera basura. En su interacción social, innumerables hombres se peleaban por su atención, pero ella se complacía jugando con sus sentimientos sin devolver nunca un gramo de afecto.

El único tesoro que esta mujer fatal nunca había podido robar era el corazón de Reed Miller. Tal vez por eso estaba tan obsesionada con ese hombre tan apuesto y enigmático, lo que la llevó a intentarlo todo con el fin de apoderarse de su corazón.

“Huelo a perfume caro y a ambición barata, Aguzanieves”.

Ella sonrió y, como si fuera lo más natural, se sentó a su lado, acercándose apenas lo suficiente para que él lo notara.

“¿Celoso de que otro hombre me haya regalado perfume, querido?”, dijo mientras deslizaba su dedo, enguantado en seda, por el brazo derecho del ladrón. “Yo, en cambio, huelo un exceso de confianza, Reed. Tu objetivo es el Molino Sampo, ¿verdad, querido? Lo tienes escrito en la cara”.

“Exacto. Quiero el Molino Sampo que robaron a los Descendientes Lunaescarcha, junto con todo todas las riquezas ilícitas del gobernador”, respondió Reed Miller mientras le devolvía la mirada a la mujer. Por un segundo, ella se estremeció y no pudo evitar que en sus pálidas mejillas se atisbara un ligero rubor. Aun así, forzó una sonrisa frívola y juguetona y le advirtió: “Esta noche el escenario es mío, así que búscate otro lugar para actuar”.

“Tonterías”. La mujer se inclinó hasta que sus labios rozaron su rostro: “En este escenario caben dos personas, pero su foco... su foco solo puede iluminar a una. Querido, conseguiré el Molino Sampo antes que tú, y entonces... si logras hacer que me divierta, tal vez tenga la amabilidad de dejarte verlo desde lejos”.

¡Ding!

Apenas había terminado de hablar, sacó una fina y malévola daga con la velocidad de un relámpago. Pero el ladrón ya conocía de sobra sus trucos: ella disfrutaba de estos ataques sorpresa, inútiles y teatrales, que siempre acababan siendo bloqueados por él. El ladrón no tuvo más que levantar el brazo para repeler la hoja con su brazal. Se escuchó el sonido del acero contra el acero, un breve y violento choque que tan solo duró un segundo.

“Siempre tan imprudente. Si sigues así, un día te va a costar caro, Aguzanieves”.

“Ja, la imprudencia es un privilegio reservado para bellezas como yo. Si no te gusta, querido, eres libre de venir a darme una lección en persona”.

Como una ligera brisa bajo la luna, retrocedió un par de pasos, le lanzó un beso al aire y, de un salto, se perdió entre las sombras al pie de la torre. Lo único que quedó de ella fue la fragancia de su caro perfume en el frío de la noche.

(La parte central del texto ha sido arrancada, tal vez para algún uso distinto a la lectura...)

Capítulo 17
Mientras el gobernador aún ardía de furia por el robo del Molino Sampo, un grupo de detectives procedentes de Snezhnaya irrumpió de repente y lo ató de pies y manos. ¿Podría ser que...?

“Ja, señor gobernador, debe ser que la rabia le ha nublado el juicio, ya que no recuerda qué clase de persona es Reed Miller. ¿Lo ha olvidado? Es un detestable ladrón, maestro del disfraz, capaz de hacerse pasar por cualquier persona, sea hombre, mujer, joven o anciano, con tal realismo que cuesta distinguirlo del original”.

“P-pero... ¡eso es imposible! Si estuvieras haciéndote pasar por Leónov, los Opríchniks ya habrían...”.

El llamado “detective Leónov” soltó una carcajada y comenzó a rodear al gobernador con paso lento, como si se burlara de sus pobres deducciones.

“¿Los Opríchniks? ¿Se refiere a esos mismos que lo ataron y que sellaron su palacio para que nadie más entrara? Pues todos ellos son mis hombres disfrazados de Opríchniks, y sus guardias, tan obedientes, se lo creyeron sin pestañear. Vamos, gobernador, no me diga que no sabía que los soldados de Snezhnaya cumplen sin dudar cualquier orden de sus superiores, o de quien logre hacerse pasar por ellos. En este preciso instante, el tesoro de los Descendientes Lunaescarcha está de vuelta, intacto, en manos de esa dama. A menos que piense desafiar la voluntad de su majestad el Zar y declararle la guerra directa a los Descendientes Lunaescarcha, recuperar el Molino Sampo ya es imposible”.

“¡Condenado delincuente! ¡Maldito ladrón! Habría pasado por alto que solo te hubieras llevado el Molino Sampo... pero ¡¿saquear mi colección privada?!”.

“¿Cuál es el problema? Esos objetos que usted considera suyos y esas tierras de las que tanto presume... ¿acaso no se las robó antes a la gente pobre de este lugar?”, dijo el ladrón con total compostura, como si las maldiciones del gobernador, cuyo rostro se encendió de ira, no le hubieran afectado en absoluto. “Nosotros defendemos nuestra libertad a nuestra manera, porque si no lo hacemos, nadie más lo hará. No veo ninguna diferencia entre un bandido que saquea al pueblo y un gobernador que cree estar por encima de los demás. Pero quédese tranquilo, no nos quedaremos con nada; todo lo que nos llevemos se lo devolveremos a sus legítimos dueños”.

Al otro lado de la sala, Aguzanieves, disfrazada de detective, dejó escapar un suspiro apenas audible para que el gobernador no pudiera oírlo, y murmuró:

“Ay... Este hombre es un caso perdido. Dice que no se quedará con nada, pero al final se quedó con el tesoro más valioso de la Luna Escarchada...”.

Las palabras de Aguzanieves dejaron tan atónita a Comadreja Sombría que por un momento apartó la vista de su padrastro, el cual estaba atado en el centro de la habitación.

“¿C-cuándo ha pasado eso? Estoy segura de que el señor Reed Miller le entregó el Molino Sampo a esa dama. ¿O es que, mientras no mirábamos, lo intercambió por un ejemplar falso?”.

“Ay, ¿es que no lo entiendes?”, dijo ella con un suspiro exagerado. “No me extraña que las muchachas como tú caigan tan fácilmente en sus engaños... Lo que robó no fue otra cosa que el corazón enamorado de la hija de la Luna Escarchada”.

Obtained From

Shop

Name
n/a
items per Page
PrevNext

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

TopButton