Notas de un afinador (II)

Notas de un afinador (II)
Notas de un afinador (II)NameNotas de un afinador (II)
Type (Ingame)Objeto de misión
FamilyNon-Codex Series, loc_fam_book_family_6969338
RarityRaritystr
DescriptionLa segunda parte de las notas de un afinador.

Item Story

Aurelio dividió los fenómenos en cuatro categorías: sustancias, propiedades, cualidades y relaciones. Como bien sabrán, el más importante de todos son las cualidades, que comúnmente se conocen como las “cuatro cualidades”, a saber, la memoria, los deseos, el alma y la personalidad.

La llamada “conexión con el ego” consiste en tocar la melodía de uno mismo para conectar la sustancia con la cualidad y, así, controlar por completo la voluntad propia y hacer que la música humana resuene como la música ecuménica.

Sin embargo, la melodía tanto de los mortales como de los dioses está destinada a ser efímera; como una cuerda tensada que, al romperse, es incapaz de producir un sonido tan sublime como el de un instrumento de viento. De forma análoga, cuando se ordena a los esclavos que interpreten una pieza musical, deben afinar los instrumentos para evitar una melodía disonante. Solo al unir y combinar las armonías de los mortales se puede tejer una serenata capaz de rivalizar con la Fortuna. A esto lo llamamos “la «Fobos»”.

Si la «Fobos» dejara de sonar, todo se vendría abajo en un instante. Tanto los mortales como los dioses están destinados a ser conquistados por la Fortuna, a adormecerse sin soñar. Por mucho que cambien de melodía, al final acabarán llegando a la nota prevista. Como compositores, deben entender que si no pueden cambiar la última nota, tampoco podrán alterar la melodía en su totalidad. No podrán componer su propia serenata, y ese es un final más aterrador que la muerte.

En otras palabras, para los mortales, alejarse de la «Fobos» equivale a la traición. Cuanto más intensa sea su melodía, más firmes serán sus deseos y más inquebrantable será el orden establecido por la Fortuna. Nadie puede liberarse de ello...

Por tanto, no podemos considerar a esas personas como iguales a nosotros. Sus elecciones no son fruto del libre albedrío, sino de un destino impuesto por la Fortuna. Carecen de libertad para decidir, y solo pueden interpretar un silencio que ya se ha escrito.

Desde una perspectiva moral y racional, la única opción que nos queda es eliminarlos de la faz de tierra y el agua, tal y como hacemos con las plagas y los incendios forestales. De lo contrario, la serenata de la Fortuna resonará cada vez más hasta que no quede alternativa o posibilidad de rebelión alguna.

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